No debe Perderse









Entre montañas y bajo un mirador natural desde el que se tiene la impresión de dominarlo todo (las sierras Nevada, de Gádor, Alhamilla, Cabrera, Almagrera, de María y de Segura), Benizalón cae sobre la amplia hondonada aprovechando el tramo más suave de la pendiente en medio de un paisaje también suave de salpicado arbolado en el que el ocre y el verde alternan el panorama abancalado.

Atrae su visión desde lo alto y atraen, una vez abajo, las calles amoriscadas de un pueblo tranquilo que trae a la vista el casi permamente recuerdo de la Andalucía árabe y la de sus sucesores, hasta el punto aquí que uno d elos vientos, y justo el que trae la lluvia y, por lo tanto, el principio de vida, se llama "el morisco", como si una vez más la memoria colectiva y su incosnciente quisieran recordar el antes y el después de una era. La planta misma del pueblo, sus rincones, hasta su iglesia (de torres construídas sobre el antiguo minarete y artesonado mudéjar) dicen del pasado morisco de las entrañas de esta sierra cargada de parajes y rincones sorprendentes.


"Sierra de los Filabres"








 
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